Definitivamente me gusta la soledad, sentarme en el banco de alguna plaza y mirarlos, ver su cáscara tan frágil, creyendo que son fuertes.
Van a la iglesia para no quedar mal con dios y les enseñan a sus hijos a ser como ellos, a absorber la basura que creen que es buena y a actuar según lo que dice una estúpida caja con antenas.
Sigo mirando y más me convenzo de que no soy humana.
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increible, siento como si esto lo hubiera escrito yo, Mentes alineadas...
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